Iñaki Fuentes

El esfuerzo está sobrevalorado (y tu hijo lo sabe mejor que tú)

Ion tiene 8 años.
Le encanta el fútbol. Se esfuerza como un jabato, entrena, corre, cae y se levanta. No se queja.
¿El resultado? Hoy hemos vuelto a perder. Han ganado 1 partido de 7.

Y ahí estás tú, como madre o padre, diciendo lo de siempre:
"Lo importante es esforzarse."
"Si lo diste todo, está bien."
"Algún día llegará."

¿Seguro?

Porque Ion no es tonto.
Ion quiere ganar. Ion se esfuerza para algo. Y ese “algo” no llega.
Y tú, sin darte cuenta, estás intentando convencerlo de que eso no importa.

Pero sí importa.

Esfuerzo sin resultados es una tortura

Imagina que tú en tu curro das el 100% cada semana.
Propones ideas, haces horas extra, motivas al equipo.
Y cada viernes, el jefe te dice:

"Muy bien, buen esfuerzo. Pero esta semana tampoco cobras."

¿Hasta cuándo aguantarías?
¿Un mes? ¿Dos? ¿Un año?

Pues eso le estás enseñando a tu hijo si solo celebras el esfuerzo… y te olvidas del resultado.

Y ojo, no digo que no sea importante esforzarse.
Digo que esforzarse sin mejorar, sin revisar, sin aprender a ganar… no es una virtud. Es un castigo.

¿Qué podemos hacer como padres?

  1. Valida su esfuerzo, sí. Pero no te quedes ahí.

    "Te has matado en el campo. ¿Y qué crees que podrías hacer distinto la próxima vez?"

  2. Habla de resultados sin trauma.
    Perder duele. Y se aprende del dolor. No lo edulcores.

  3. Enséñale a revisar, no solo a repetir.
    Revisar = mirar lo que pasó, entender qué falló, y qué cambiar.
    Repetir sin revisar = más de lo mismo. Más derrotas.

  4. Muéstrale ejemplos reales.
    Deportistas que perdieron mucho antes de ganar. Pero que ajustaron, no repitieron sin pensar.

  5. Premia la mejora, no la repetición.
    ¿Ha mejorado un pase? ¿Se posiciona mejor? ¿Habla más en el campo?
    Eso también son resultados. Visibles. Claros. Reales.

El mensaje no es: “ganar es lo único que importa”.
Pero tampoco puede ser: “da igual lo que pase mientras lo intentes”.
Porque no es verdad. Y los niños lo notan antes que tú.

Ion lo sabe.