La estupidez se reproduce mejor que los conejos (y tiene WiFi)
Trabajar cara al público vacuna de ingenuidad. Descubres que la ignorancia no es el problema principal; el problema es la soberbia con la que se defiende. Hay quien no lee instrucciones y discute procesos con la seguridad de un experto. Hay quien nunca ha construido nada y te explica cómo deberías gestionar tu equipo. La mediocridad moderna se alimenta de dos cosas: entorno que la aplaude y ausencia de fricción intelectual. Si convives con eso, te contamina.
No es elitismo, es higiene profesional. Cambia el aire: busca personas que te incomoden por lo que saben, no por lo poco que piensan. Lee a quien no confirma tus ideas. Contrasta. Mide. Rectifica. Y, sobre todo, deja de premiar el ruido con tu atención. Tu tiempo es inversión o deuda: pregúntate cada día si este contenido, esta reunión o este contacto te hacen más claro, más competente y más valioso.
La calidad de tus decisiones depende de la calidad de tus entradas. Si todo lo que consumes son opiniones recicladas y titulares para indignarte, producirás decisiones de feria. Elige un estándar, sosténlo sin pedir perdón y cierra la puerta al lastre. Avanzar no es correr más; es dejar de arrastrar lo que no suma.