Lo pequeño también construye imperios
Nos obsesionamos con los “grandes proyectos” mientras descuidamos las pequeñas acciones que los sostienen.
Queremos cambiar el mundo, pero ni siquiera respondemos un mensaje con atención.
La grandeza empieza en lo microscópico: en cómo escuchas, cómo tratas al que no puede darte nada, en si cumples tu palabra cuando nadie mira.
Lo pequeño no es irrelevante; es la semilla de lo que dices querer construir.
Quizá el problema no sea falta de ambición, sino exceso de ego.